Xabier Gutierrez Cocinero
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HANNIBAL-UN FINAL ALTERNATIVO

Desde la XXIII Semana de Cine Fantastico y de Terror de Donosti,,..UN FINAL ALTERNATIVO A LA MITICA PELICULA, un final gastronómicamente alternativo. No te lo pierdas.

                                   HANNIBAL-UN FINAL ALTERNATIVO

El pulso del Doctor Hannibal Lecter se aceleró como nunca antes lo había hecho.

En un rápido movimiento, ella había unido, con las esposas que llevaba en su cinto, su mano con la mano del doctor. El acercó su cara a escasos dos centímetros de la suya.

-Clarice, te doy diez segundos para que me sueltes las esposas.-le espetó con dureza.

Clarice no contestó. Con el pelo sujeto por la puerta del frigorífico y la manilla del mismo rota por el doctor se encontraba vulnerable. Estaba a sus expensas.

Hannibal se giro sobre sí mismo y agarró un enorme machete de cocina.

Elevó la mano con las esposas que le mantenían unido a ella y la apoyó en la parte superior del frigorífico. Miró con decisión a sus ojos. Giró la mirada sobre su mano, las esposas y la mano de ella. Elevó el machete. Dudó un instante…

-Esto va a doler, Clarice,… ella cerró los ojos esperando lo peor.

Con decisión, levantó aun más el machete y descargó un certero golpe sobre la base de su dedo gordo. La sangre salpicó la cara de ambos dejando un chorro de sangre enorme sobre el suelo y la puerta del frigorífico.

Ella se desmayó pero aguantó los instantes precisos para ver como Hannibal con un gesto indescriptible de dolor deslizaba a duras penas lo que quedaba de su mano por la esposas, se tapaba la herida con una servilleta que había encima de la mesa y con increíble frialdad se agachaba y recogía su dedo amputado.

Tambaleándose salió de la cocina. Se metió en el coche y llegó a su casa. Con gran presteza se limpió y cosió la herida. Finalmente la vendó y descartó ir a un hospital a que se lo pudieran reimplantar. La probabilidad de ser detenido era muy alta.

Pasadas un par de horas se tranquilizo y preparó su maleta. El avión esperaba en apenas seis horas. Vio la servilleta con el dedo y se quedo pensando,…qué comería en el avión. Quedaba tiempo. Lo podía hacer. No era la primera vez que lo pensaba pero nunca antes había tenido la oportunidad.

Se volvió a la cocina y agarró una sartén, algo de mantequilla, sal y algo de armagnac. Encendió el fuego y lentamente fundió la mantequilla. Metió el dedo amputado y lo dejó haciendo suave, suave. Añadió algo de armagnac y de agua. Al cabo de una hora lo retiró del fuego y lo desmigó, retirando huesos y la uña. Lo depositó en un pequeño tuper y agregó el jugo que por reducción se había convertido en una salsa aterciopelada. Recogió sus cosas y marchó al aeropuerto no sin antes detenerse en la delicatesen Dean & Deluca y comprar un pequeño set de comida para llevar. La abrió e introdujo su particular vianda. La cerró y se alejo en su taxi.

Ya en el avión su compañero de asiento, de apenas seis años de edad, le pregunta

-¿Qué es eso que estas comiendo?

-Esta rico,…pruébalo,…contesto el doctor regalándole una sonrisa. Mi madre siempre me decía que había que probar cosas nuevas. ¿Te gusta?

-Esta bueno.- contesto el niño.

Era verdad, estaba bueno. Nunca había cocinado algo tan suyo.

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